Sobre mi espalda y en mi cuerpo, vivo contigo sin querer. Sin desear que tengas el control de mis días ni el reloj de mis amaneceres. Sin que manejes el paladar de mi boca y el ritmo de mis pasos. Vivo sin estar convencido del porqué lo hago ya que a ti te llevo tan adentro. No deseé tu mirada ni tu atención; la heredé al borde del abismo. Me dejaste abrir los ojos y me enseñaste a atacar siempre por la espalda. Rechacé los verbos de la transición, de la curación, de la esperanza y de la protección. Te viniste de vacaciones con mi cuerpo, y mi cerebro no pudo jamás olvidarte. Matrimonio de inconveniencia a pesar de tu fidelidad. Y cuando no lo fui, fue por tu mirada continua, por tus facturas pendientes, por esta arista en punta con que te presentas. No te quise pero te tuve en los mejores colores de mis ojos, en las cenas de la piel y en el dormitorio de cada mundo que visité. Me quisiste matar despierto y dormido, y acabaste con amistades de una misma materia prima. Conocí el sigilo y el silencio, el despecho y la ignorancia, la persistencia y la herencia. Tanto aprendí de ti y contigo... Fuiste la bandera gris en donde amarró está mirada, fuiste la sábana corrupta que sudó mi lecho y fuiste quien falsificó nombre y vida. Cuarenta años contigo sin querer y sin quererte aunque ahora no sabría ya cómo vivir sin ti.
PRESENTE
En las calles, observo a personas que caminan con determinación y conversan con ánimo renovado. Apariencia, al menos. En las esquinas, apare...
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Hay amores que delatan y hay amores que discurren libremente entre las venas. Hay amores que pesan y que arrastran siempre al ser humano...
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Alejado del frío y sin ti, sentado a tientas y oculto entre la voluntad, sin buscar solución alguna que pueda minorar el efecto del poder e...
