La selección española de fútbol ha conseguido convertir el pronóstico en realidad. Su afición reconocía la calidad de su plantel y los medios de comunicación también. Sin embargo, estos últimos, antes y durante la celebración de otros eventos deportivos, desafinaban con parecidos adjetivos a los que ahora acompañan a los Xavi, Puyol, Casillas y compañía. No en vano, a quienes siguen y convencen los públicos es a los medios de comunicación, incluso más que a cualquier deportista. Afortunadamente para el deporte, desde los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992, ha crecido una generación en donde, salvo excepciones, prima lo deportivo por encima de lo individual y lo hace en forma de halo que, visible para las mayorías, es aún más beneficioso para quien goza de la fortuna y la capacidad de conseguir sus objetivos. Como España. Y aunque Holanda pueda realmente imponerse en la final de Johannesburgo, la selección española disfruta ya de la exclusividad de poder compartir un olimpo imaginario donde encontrar a personajes como Rafael Nadal, Pau Gasol o Jorge Lorenzo. Ganar no es capricho sino consecuencia, y la forma de ganar no es sino una variante más del pensamiento humano.
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