Hay amores que delatan y hay amores que discurren libremente entre las venas. Hay amores que pesan y que arrastran siempre al ser humano a su origen. Hay amores escritos en las hojas del otoño y en el sol del invierno. Hay amores cuya sombra perfila el horizonte. Hay amores que permanecen, de por vida, descalzos en la boca, otros derritidos y otros que sangran como el exuberante cuerpo de la rosa. Hay amores desconocidos y otros que nos desconocen. Y hay otros que escriben con sangre, el linaje del destino.
Pensemos en la tierra, en la verdad resumida y en las ocultas por exigidas. Pensemos en las mentiras que, a cambio de poco, nos protegen, en el arco de una boca cuando niega. Pensemos en los dedos de una mano, en el olor de una almohada conocida.
Pensamos en rojo al observar y en gris cuando callamos, y en el porqué callamos. Pensamos en el fino talle de unos labios, en la sábana del alma, en el silencio que nos acoge, en la acuarela de una llama y en el amor que a nadie pudimos hacer.