12 febrero 2010

LA PIEL DEL MAR

Huímos hasta su orilla. Encharcamos nuestros pies y nos confundimos entre la arena para sentir su soledad, para sentirnos a solas, menos de mentira, menos del revés. El mar es una trinchera de color que paradójicamente al tragarnos, percibimos los sabores del agua. Nos abraza por encima y por delante. El sol, atrevidamente, acúde en su ayuda para que desaparezcan sombras, huecos y esquinas. Sólamente los tambores de sus olas revivirán cuando el tiempo no alcance a reconocer los siglos. Entonces hará calor y el cuerpo ya no será nuestro, ni las manos serán de carne; únicamente la piel será una arena que nos cierre los párpados, como si los párpados fueran la piel del mar que escuche, desnuda a nuestro lado, los sonidos del viento.




PRESENTE

En las calles, observo a personas que caminan con determinación y conversan con ánimo renovado. Apariencia, al menos. En las esquinas, apare...