Quisiera dedicar una canción. Dedicársela a alguien que, casual o intencionadamente, se asomara a este pliegue de mi mano derecha. Una canción que comenzó a enredarme hace ahora una década en medio de silencios abusivos y sonrisas falseadas por una enfermedad con varios verdugos. Se trata de una voz majestuosa con la suficiente capacidad para alcanzar el último escalón en la profundidad del alma. Se trata, pues, de una música embelesada por la oscuridad, una compensación del placer y un tercio solo de esta respiración no compartida ni tan siquiera con la fortuna de haber podido escuchar a su autor interpretarla en Barcelona y en directo a escasos metros de esta mano derecha bajo una mirada inmune y un recuerdo permanente. Maldita sea.
ELTON JOHN - Your Song