26 abril 2020

VEINTISÉIS DE ABRIL


para NVria



Gracias a personas como Héctor, aprendemos a sonreír. Su espontánea contundencia verbal puede llegar a desarbolarnos y desatarnos de risa al mismo tiempo. Su riqueza es la distancia que de él, nos separa. Lamentablemente, llegarán los días grises en que su cuerpo crezca y el hombre llegue hasta él para convertirlo en quién sabe qué. Un hombre, en definitiva. Entonces, recordaremos a Héctor como el niño que distrajo las huestes del campo palentino, las miradas de los velillenses más queridos y los sonidos de un balón, de su voz, de un violonchelo, de su presencia, de un conquistador, de su madre, de la canción de un jardín secreto.



Hauser "Song from a Secret Garden"

PRESENTE

En las calles, observo a personas que caminan con determinación y conversan con ánimo renovado. Apariencia, al menos. En las esquinas, apare...