Cada hora alcanza mis pies. Únicamente yo sabré del esfuerzo realizado, de los días puestos en fila, de las noches insomnes, de madrugadas bajo amenaza. Solo yo sabré cuánto cedí y cuán profunda fue mi violación. Solo yo sabré del límite de la paciencia. Solo yo sabré a oscuras responder al porqué dejé de vivir para hacerlo al compás de la necesidad ajena. Solo yo podré saber el origen del hastío que acabaría firmando las olas de mi vida. Fui yo quien quiso abandonar mi sangre para que brotara entre corazones que no latirían por el mío. Tan solo escribí cuando pude hacerlo y dejé de escribir cuando las palabras se desprendían como fuego entre mis brazos con forma de incesante sudor. Abandoné todo por todos. Solo entre todos. En soledad llegué a diferenciar entre quererme y necesitarme. Únicamente tú, mamá, solo tú a mi lado y en mi pensamiento. Ahora sé que hubiera hecho lo que hubiera hecho, el resultado final habría sido el mismo aspa que, ante los ojos de quienes me abandonaron, será por siempre el ejercicio de mi voluntad. De nada sirvió. Para nada sirvió. Ofrecía a granel esfuerzo, aliento, vida y escasa inteligencia. Recogía discordia, ansiedad y negación. Finito.
04 septiembre 2021
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