26 abril 2022

PAN Y LECHE

Año 2022. Finales de abril. Día 26. Convocatoria de adelanto electoral en la Comunidad de Andalucía. Antes, en Castilla y León. Antes, en Madrid. Antes, en… Un poco más al norte, Emmanuel Macron tapa la boca a la tan irreverente y real ascendencia de la extrema derecha parlamentaria. Aún más al norte, la Unión Europea juega a decir que no juega cuando realmente está jugando. Vaya que si está jugando... ¿Dónde? Más al norte.

Ucrania. 24 febrero 2022. La Federación Rusa –de nombre propio Vladimir Putin– decide ampliar a golpe de fuego el poder territorial de sus fronteras atacando de forma desordenada, desorientada y salvaje a un pueblo del que fue su padre político hasta la llegada de Mijail Gorbachov en 1991. Volodímir Zelenski, presidente ucraniano y soviético hasta la irrupción de Gorbachov, no es tal, sino un actor cómico que maneja la actualidad informativa y comunicativa a base de imagen y masiva petición de armamento a diestra y siniestra en parlamentos europeos, mundiales e internacionales. Aquí es donde la Europa unida decide posicionarse del lado ucraniano. Realmente, ¿es ético proporcionar fuerza armada al que decide plantarse ante su agresor?, ¿será verdad toda la verdad que Zelenski difunde al mundo entero?

En medio de este sindiós, muerte, destrucción y barbarie en los cuatro puntos cardinales. Rusia, país desconocido de temores y cobardía, aguanta y resiste la presión internacional que su opositor Zelenski le ha ganado en los mass media. ¿Qué le importa la muerte y la destrucción a un tipo como Putin capaz de apretar gatillos sin parpadear? Pero el ser humano, el que compra el pan y la leche cada día, tiene miedo y ante la amenaza, decide apostar su supervivencia al éxodo. Ocurre que, en medio de tal situación, también existen voluntades que ante los más desprotegidos y vulnerables, tienen manos para meterlas donde más repugna a cualquier moral. La violación y el abuso sexual de refugiadas y huidas, crías y críos, constituye la versión más abyecta de la condición humana en tiempos de cólera como los actuales.

Qué poco sentimiento materno existe cuando vemos pasar los días y los políticos de menor rango y mayor necedad tratan, figuradamente, a navajazo limpio y por la espalda, de alcanzar tanto su objetivo como el mal de su oponente. Comisiones de investigación en vano y falsos comisionistas se forran con billetes nuevos mientras los del pan y la leche, observan los diez o veinte céntimos de más en cada producto. Escenarios aparte, bombas eméritas que rugen por su inviolabilidad sempiterna mientras fiscalías hacen como que hacen para dar carpetazo y dejar miles de millones precisamente donde estaban. La desvergüenza del (actual rey) emérito es paralela, por mucho que se desee transmitir lo contrario, al pavisoso rostro de su heredero al que le huele el culo a tren cuando, la opinión pública va teniendo conocimiento de lo que él sobradamente sabe y conoce en presente y en pasado.

Se echa de menos, de nuevo el sentimiento materno, de pura entrega y generosidad en cualquier escenario descrito, en cualquier naturaleza aludida y/o aparentemente escondida. Lejos queda el olor a comida recién hecha y plato caliente, al remiendo de una prenda, al sol de media tarde, al sonido de los matorrales y los campos peinados por viento limpio, a la tierra recién mojada o al cielo a punto de describirnos la mañana siguiente. Atrás quedó para siempre el paseo desinteresado por visitar a un amigo o a un familiar en busca de calor humano con forma de color de ánimo. Porque al ánimo le distingue un color y al desaliento, otro distinto. Al morir, los seres vivos dejamos a un lado te-o-de-o: todo. Bueno, esta afirmación se correspondería con la inmensa mayoría de seres humanos, en este caso. El consuelo del arte –en cualquiera de sus manifestaciones– mantiene el pulso ante la ignominia descrita por poseer su innata e inmortal capacidad de poder legar eternamente sus obras a cada generación futura. Así, voces como la de Luciano Pavarotti, Andrea Bocelli o Katherine Jenkins, obras como las de Miguel Ángel, Aristóteles o Velázquez, construcciones como las de Calatrava, Foster o Gaudí… iniciarían una lista interminable de aquellos consuelos que nos proporciona la belleza del arte.

Claro, en un plano más urbano y rural al unísono, pero con alícuota dignidad y respeto, situaríamos a personajes anónimos ante la opinión pública que, con sus actos, simbolizan bondad, entrega, coraje, nobleza; con su conducta corrigen garabatos ajenos sin despeinarse; sin ayudas externas, tratan de hacer con su vida, una vida más sencilla para sus cercanos; a base de kilómetros de ida y vuelta, ponen su vida en juego –la del corazón latiente y la del corazón deseando– por que una hermana sonría, una madre respire o un padre alivie su día a día. Sin tildes, sin golpes en el pecho o palmadas en la espalda, sin palabras, con hechos, sin perdones o disculpas, únicamente con los verbos ser, estar y dar. Y sí, estas personas también alcanzarán el final de sus vidas dejando todo a un lado porque un día llegaron al mundo para nacer. Año 1977. Finales de abril. Día 26.    


Para Nuria




PRESENTE

En las calles, observo a personas que caminan con determinación y conversan con ánimo renovado. Apariencia, al menos. En las esquinas, apare...